En el inicio de la reunión un padre plantea que al empezar a relacionarse con su hija emocionalmente, tiene dudas de cómo ponerla los límites para su educación.
Se comenta que una cosa es la educación y otra bien distinta la enfermedad, los límites nada tienen que ver con la enfermedad.
Nuestra casa la gobernamos los padres, pero siempre teniendo en cuenta la identidad de cada una de las personas que viven en ella.
En muchas ocasiones, por decidir por ellas, las normas de convivencia se vuelven confusas. Tenemos que ayudar a nuestras hijas a sacar lo que ellas quieren, pero no hacérselo.
Nuestra terapeuta dice que "debajo de la bulimia hay mucha indecisión", no sabes parar de comer, no sabes qué hacer con tu vida.
Desde pequeñas no las hemos dejado desear nada, porque antes de que lo pidieran o lo sintieran ya se lo habíamos dado.
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